sábado, agosto 04, 2007

Capítulo IV: Pobre diablo...



Una y otra vez lo mismo, todas esas miradas piadosas de quienes creen ser mejor que uno, porque sus bolsillos se lo aseguran, porque sus apellidos se lo recuerdan. Malditos todos ellos… ¿Qué saben de la gloria si nunca han sentido la desgracia?, ¿Qué saben de ponerse de pie si nunca han saboreado lo amargo de las caídas?

Sonaré egoísta pero sólo queda confiar en uno como persona. No soporto verme obligado a seguir la vida de los demás, a envidiar a quien tiene un sueldo mejor en la oficina… o a quien con un poco de su sudor logra más que lo que el pobre de Paul logrará en su vida.

Olvidémonos de la razón y la utopía del esfuerzo… más aún cuando frente a mí sólo tengo el vino más barato de la casa. Que patético, todos los días rompiéndome la espalda como bestia para pagar un respiro el segundo viernes de cada mes.
-Nunca dejaré de ser una carga, incluso para quienes me lleven en noches como hoy, a lo que llaman hogar… palabrita que pesa de sobra sobre tipos como yo- murmuraba mientras se ponía de pie y se dirigía tambaleándose hasta la salida – ¡Mi nombre es Paul… el maldito sostén de la sociedad!- bueno, no a todos les toca ganar en la vida.

Hoy haré una excepción, me largo de aquí por mi cuenta hasta quien sabe donde…
Afuera al fin ni siquiera ese tipo del bar se preocupa po mí... solo le interesa eso de si pago los tragos... malditos todos... estará muy entretenido con su nueva amiguita... igual bien por él... es joven y tiene toda una vida por delante... veamos si la angelito se fija en un simple barman jajaja...

Mujeres todas son iguales sólo sirven para meternos en problemas... no, la culpa es nuestra por ser tan macabeos y caer rendidos ante un par de movimientos coquetos.
¡Calla borracho, y sigue caminando!... sólo envidia de quien no tiene un perro que le ladre.

... Lindo auto, nunca lo había visto por acá.

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